UNA GRAN ALFOMBRA VERDE


 

Una gran alfombra verde -más o menos intensa según la estación-, recibe al visitante que llega al concejo en cada una de las tres puertas que le dan entrada: Tarna, Arniciu o Anzó. Los macizos montañosos, las masas boscosas, algunas praderías, las carreteras y los veintidós pueblos del concejo convierten el paisaje en un variado tapiz en el que también aparecen pequeñas figuras de hombres y mujeres ocupados en las faenas propias de cada temporada. Se pueden ver algunas vacas y ovejas pastando, viejas cuadras de piedra en los praos que están más cercanos a los pueblos y también edificaciones actuales, que, en su mayoría, se han construido en armonía con el entorno.

        Las rocas tienen millones de años y el paisaje se ha ido formando gracias a la acción del agua, que nace en lo alto de las montañas y desciende hacia los valles creando una orografía muy característica, con restos de plegamiento alpino. El hombre, en su eterna voluntad colonizadora, se ha empeñado en poblar este territorio a pesar de las duras condiciones que existen gran parte del año y lo ha logrado sólo después de comprometerse a un pacto con la naturaleza basado en el respeto y el equilibrio. Así ha sido durante miles de años y, en el lento devenir del tiempo, se ha ido formando una cultura austera, marcada por el apego a la tierra y a sus recursos y desarrollada a partir de la peculiar inteligencia del casín de boca negra, que conoce sus limitaciones y sabe de los riesgos que conllevan la imprudencia y la temeridad.     

    Gracias a su mentalidad conservadora, los casinos ha sido capaces de salvaguardar no sólo el paisaje, sino también el conjunto de costumbres, ritos y tradiciones que acompañan un ciclo vital humano construido en armonía con el de la naturaleza, logrando que el pasado se haga presente en los pueblos, sus caminos, las gentes. El orgullo por esta cultura se combina con el sentimiento de prevención y produce un carácter contenido, precavido y riguroso.

 

Comentarios

Entradas populares