LOS HUNOS Y LOS OTROS. A propósito de Campo de Caso.
Da gusto pasar el último de los túneles y verlo alzado -Campo de Caso, el Campu, Campu Casu- sobre la carretera, erguido orgulloso entre el Piqueru, la sierra de Veneros y el Montallende: casas en su mayoría blancas, de diferentes alturas y formas, que antaño decían tanto de quienes las habitaban: cómo y de qué vivían, de dónde habían traído su fortuna, cuántos en ellas moraban. Escuché desde muy pequeña tantas alabanzas sobre el lugar, que por fuerza tengo que quererlo, entre vecinos que son familia y conocidos que siempre saludan con palabras agradables. Disfruto de los paseos por sus calles. Los de diario son rápidos y atropellados, guiados siempre por un objetivo concreto: algo que comprar, que gestionar, un lugar a dónde ir. Los de la noche son mis preferidos, cuando el pueblo se encuentra, por lo general, quieto y silencioso. Es entonces cuando, paradójicamente, mejor entiendo los cambios que se han sucedido de forma tan rápida, durante estos años que han volado. Hablan d...





